Ensayo 10 de 11 · 2 min
10. Instrucciones sin sentido
Por Guillermo Irure
Un ensayo interactivo con tres puertas finales escritas por Guillermo Irure para invitar al pensamiento compartido.
11 de octubre de 2026

¿Qué haces con una instrucción cuando ya no sabes adónde lleva? Si no sabes de qué te hablo, piensa en lo que haces cuando usas ChatGPT, Claude, Copilot o el que más te guste.
Le dices a una IA lo que quieres. Y te sorprende que no lo entienda, o que te devuelva algo que no buscabas. Pero quien no sabía bien lo que quería, ni cómo decirlo, muchas veces éramos nosotros. Queríamos que ocurriera, pero no nos paramos a explicarlo.
Puede parecer un problema de manejo de herramientas, pero es un conflicto mucho más antiguo.
Saber lo que quieres es difícil, sobre todo cuando sobran las opciones. Porque si todo llega tan rápido y con tan buena presentación, cuesta más distinguir entre lo que quieres y lo que crees que quieres.
Obtener lo que otros prometen parece sospechosamente fácil. Saber lo que quieres de verdad, y si estás remando hacia ahí con tus mejores capacidades, cuesta mucho más.
Lo ves cada día, en el trabajo y en casa. Es martes, las ocho y diez, y escribes: «Organízame el día». Sin decir qué día, ni qué importa más, ni qué quieres que haya pasado cuando llegue la noche. La respuesta llega rápida, ordenada, con viñetas. Y no te sirve. En casa, la misma escena en pequeño: «¿Qué cenamos hoy?», lanzado al aire con la esperanza de que alguien, o algo, decida lo que tú no has decidido.
Es la crónica de un deseo muy humano: que el día se resuelva solo, sin tener que saber qué quieres de él.
Y sin embargo todo depende de eso. De tener algo escrito dentro que no cambie cada vez que cambia el viento. Un eje. Más parecido a una convicción, que reconoces cuando la pierdes porque notas su ausencia. La dirección la escribes tú. Lo que hagas con ella también.
La instrucción sigue ahí, escrita por ti. Tú decides la dirección y cómo vives las curvas y los brindis del camino.
Tres puertas
Este ensayo tiene tres finales posibles. ¿Cuál es el tuyo?
La puerta de Waze
La dirección la escribiste tú. El navegador hizo lo que le pediste. Llevas un rato sospechando que esta carretera no pasa por donde querías, y aun así giras, continúas, giras. Cuando la salida aparece, pones el intermitente antes de haberlo decidido.
La puerta de la radio
Cierras el navegador. Sin ruta, sin voz, sin hora estimada de llegada, solo escuchando la radio. Hay que ser un poco iluso para salir así. Sales. Hay tramos que se pasan solos y otros que se rehacen tres veces. Al final no sabes exactamente cómo llegaste. Pero sabes que volverías a salir sin ruta.
La puerta de WhatsApp
Llevas un rato parado en la estación de servicio. Vuelves a leer las instrucciones que te enviaron por WhatsApp, una ruta corta que tenía todo el sentido. Ahora no tanto. Relees. Pruebas una cosa, la deshaces, pruebas otra. Hay un desvío que no recordabas y dos curvas más adelante entiendes por qué nadie lo coge. Y también por qué era la correcta.
