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Ensayo 6 de 11 · 3 min

6. La hoguera

Por Guillermo Irure

Un ensayo interactivo con tres puertas finales escritas por Guillermo Irure para invitar al pensamiento compartido.

11 de junio de 2026

ILUSTRACIÓN 6 · La hoguera
ILUSTRACIÓN 6 · La hoguera

Hay una expresión que usé mucho durante años: a la hoguera. No lo decía con rabia. Lo decía con alivio. Como quien abre una ventana en una habitación cerrada demasiado tiempo.

Siempre me ha costado poco volver a empezar. Lo he visto como una fortaleza, incluso como una forma de vivir. Pero con los años he comprobado que soltar tiene un enemigo silencioso: el cansancio. Porque hay momentos en que queremos mandar algo a la hoguera no tanto porque ya no sirva, sino porque estamos agotados de cargarlo. Y eso es otra cosa.

Recientemente mi viejo coche me lo recordó. Como decía mi hijo pequeño, «se la habían gastado los kilómetros», y me costaba más el arreglo que comprar uno nuevo. La ecuación era limpia. A la hoguera, con pena, pero sin duda.

Pero en las cosas verdaderamente importantes esa ecuación no existe.

Por ejemplo, mandar una amistad a la hoguera es lo más duro que he hecho. Porque si has compartido amor de verdad, algo de eso siempre queda. No se quema del todo. Y sin embargo hay un momento en que sostener deja de ser fidelidad a lo que fue y se convierte en un castigo. Para los dos.

Eso nadie te lo enseña. Te enseñan a luchar, a aguantar, a no rendirte. Pero nadie te dice que hay un tipo de esfuerzo que no construye nada, que solo desgasta. Y que reconocer ese momento a tiempo es, quizás, el acto más valiente de todos.

Y aun así, años después, hay noches en que me pregunto si lo hice bien, porque el amor que fue real sigue ahí, sin sitio donde ir. Eso también es parte del peso.

Con los proyectos, con el trabajo, con las cosas que no tienen cara ni historia compartida, pasa algo parecido pero al revés. Seguimos cargando sin preguntarnos por qué. Porque da pena. Porque hemos invertido mucho. Como si el esfuerzo pasado fuera una razón para el sufrimiento futuro.

Ahora que se acerca San Juan, que es la noche en que culturalmente tenemos permiso para quemar, me hago la pregunta de cada año: ¿qué hay en mi vida que merece arder? ¿Y qué estoy sosteniendo por costumbre, por miedo, o porque nadie me ha dado todavía el permiso de soltarlo?

¿Qué tienes tú pendiente de decidir esta Noche de San Juan?

Tres puertas

Este ensayo tiene tres finales posibles. ¿Cuál es el tuyo?

La puerta de la cerilla

Llevas un rato mirando el fuego sin tirar nada. Todos a tu alrededor ya han quemado algo y tú sigues con las manos llenas.

Ya sabes lo que toca. Lo sabes desde hace tiempo. Pero soltar hace real lo que hasta ahora era solo una sensación. Y eso da más vértigo que la hoguera.

Esta es la noche, el fuego está aquí. Y tú también. Y lo que tienes en las manos pesa más que el miedo a soltarlo.

La puerta de la brasa

Lo que tienes entre manos ha costado sangre y tiempo y conversaciones difíciles. Y todavía tiene algo dentro que merece una milla más.

Sostenerlo es valentía. Pero una vez al año, frente al fuego, vale la pena preguntarse si lo sostienes porque crees en ello o porque llevas tanto invertido que ya no sabes distinguir las dos cosas.

Decides seguir. Con más fuerza que antes.

La puerta de la duda

No todas las noches de San Juan resuelven algo. A veces te quedas mirando el fuego con el mismo peso con el que llegaste, sin más claridad, sin el alivio que esperabas.

No pasa nada. No estás obligado a decidir esta noche.

Pero quédate con esto: ya no puedes fingir que no te estás haciendo la pregunta. Y eso, aunque no lo parezca, es el principio de algo.

Construyendo el final juntos: Tu voz en Ensayo & Error

«Este proyecto no termina en mis palabras. Al cabo de los 11 meses, escogeremos juntos el cierre colectivo de esta experiencia. ¿Qué puerta abriste tú? ¿Qué pregunta te provocó este ensayo? Tu reflexión, tus matices y tus dudas ayudan a darle forma al final definitivo.»

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